Enviat per: sodepau | 21 Març, 2011

Intervención en Libia, silencio en Bahrein. Dos caras de una misma moneda.

La razón esgrimida por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para la intervención en Libia es la protección de la población civil frente a la violencia del ejército del Coronel Muammar Gaddafi.  Esta contundente condena y toma de acción de la comunidad internacional ante las violaciones de los derechos humanos contrasta con la brutal represión de las protestas no violentas  en Baréin, que ni siquiera provoca la condena internacional. Esto lleva a pensar que la protección de la población civil no es la razón de fondo ni la determinante, en la decisión de intervenir en un país donde los derechos humanos están siendo brutalmente violados.

El 14 de febrero los bareiní salieron a las calles de Manama a protestar por la falta de derechos políticos y civiles y la discriminación que sufre el 70% chií de la población por parte de la elite gobernante suní. Desde entonces, las fuerzas policiales y el ejército han reprimido violentamente los campamentos de protesta y las manifestaciones y han disparado desde aire y tierra a  manifestantes no violentos, matando a al menos un decena de personas e hiriendo a cientos de ellas.

Además, el rey Al Jalifa, cuya dinastía gobierna el país desde hace 230 años,  ha solicitado y hecho efectivo la entrada de las fuerzas militares del Consejo de Cooperación del Golfo, la cuales están reprimiendo más violentamente aún las manifestaciones. Tanques y helicópteros disparan deliberadamente a jóvenes manifestantes, los hospitales están asediados para evitar que se atienda a los heridos y los médicos son detenidos y apaleados.

A pesar de esto, y a diferencia del caso de Libia, la comunidad internacional no se ha pronunciado. Estados Unidos no ha condenado el uso desproporcionado de la violencia contra civiles. ¿Por qué?

Libia es un pozo importante de petróleo para Estados Unidos y Europa y han aprovechado la legitimidad que les ha conferido la sangrienta represión de las protestas por parte del régimen para intervenir en el país incluso militarmente. Pero Baréin es otro asunto. Es un aliado geoestratégico clave y así lo demuestra la presencia de la V flota de EEUU en dicho país. La dinastía suní de los Al Jalifa sirve de dique de contención al ascenso de la mayoría chií a la elite gobernante, posible aliada de Irán.

Y aún más importante, Estados Unidos debe mantener relaciones cordiales con su socio petrolero aliado de la zona, Arabia Saudita, razón que explica el silencio estadounidense ante la entrada de tropas de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos para defender la dictadura de Al Jalifa.

Por todo ello, y como ya era de suponer, la intervención en Libia y el silencio en el caso de Baréin (y muchos otros) no se debe al nivel de respeto de la democracia y los derechos humanos por parte de dichos regímenes sino a los intereses económicos, políticos y geoestratégicos de Estados Unidos y el resto de potencias occidentales en la región.


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